Robert Maguire, el rey del pulp

A poco que tiremos de neurona, todos seríamos capaces de recordar unos cuantos nombres que, desde su condición de escritores, podrían disputarse el cetro real de las publicaciones pulp. Y si en concreto hablamos de pulp criminal y aspirantes al trono, los tiros irían en todas las direcciones posibles: Chandler, Hammett, Brown, Goodis, Gardner, McCoy, Thompson… Si hablamos de ilustradores la cosa cambia (al menos para un servidor), y el nombre que de inmediato me viene a la cabeza es el de Robert Maguire. Sin más.

Robert Maguire, el rey del pulp.

de Ricardo Bosque.

The Bridge (2013)

Escandinavia está de moda. Al menos en cuanto al género negro se refiere. Desde que Larsson se convirtió en un fenómeno mundial, las novelas, películas y series de televisión de temática criminal que vienen de los países están por todas partes. Eso sí, los productos audiovisuales, sobre todo los televisivos, suelen llegarnos de segunda mano. Y es que la mayoría de historias negras escandinavas que programan nuestras televisiones llegan a la pequeña pantalla a través de adaptaciones estadounidenses.

The Bridge es una de esas historias. Vaya por delante que no he visto la producción original. Supongo que, al igual que ocurría con The Killing, habrá quien anteponga la versión escandinava aunque no se me ocurre como ese puente que une Dinamarca con Suecia puede disponer un escenario más sugerente que el de la versión estadounidense: de un lado El Paso, del otro la tristemente célebre Ciudad Juárez.

La serie arranca bien. Con un cadáver en un lugar complicado que obliga, de buenas a primeras, a discutir si la jurisdicción sobre el caso la tiene la policía estadounidense o la mexicana. Pero eso apenas son los aperitivos. Porque el cadáver no es uno sino dos. Porque parte pertenece a una mujer muerta en circunstancias muy incómodas para ambos países. Porque los policías encargados del caso son diametralmente opuestos. Y porque la serie no hace más que, a partir de ese primer capítulo, profundizar más y más en una situación podrida, caótica y fascinante.

Me gusta especialmente el trabajo que se ha hecho con los actores. Un trabajo que, creo, parte de un buen desarrollo de personajes. A medida que se suceden los capítulos vamos descubriendo cada vez más cosas sobre ellos. Los vemos cambiar. El poli ejemplar deja de serlo y el tipo más siniestro resulta  estar marcado por una historia que termina por ponerte de su lado. Me gusta el dúo Demian Bichir / Diane Kruger. Y no tanto por la química que puedan tener entre ellos, que no es de las mejores que he visto en una pareja de polis de ficción. Es más por cómo encarnan perfectamente dos arquetipos que, con sus luces y sus sombras, encajan perfectamente. También ha sido una sorpresa encontrar a Ted Levine quien, pese a su larga trayectoria, para todavía sigue ligado a su personaje más conocido.

The Bridge es una serie recomendable en la que la puesta en escena clásica del género negro cambia los ambientes urbanos y la oscuridad por el desierto y la desolación de las ciudades fronterizas. Tiene algo de la sordidez de McCarthy y de ese western amargo de Leonard o de Jim Thompson. No es Sed de Mal, ni mucho menos, pero por suerte discurre por un camino que no le va a la zaga.

“El muñeco de nieve” en Elemental

“El muñeco de nieve” en Elemental

El comisario Harry Hole está solo y desesperado. Más solo y desesperado que nunca. En su nuevo despacho tiene tres fotos que no ha colgado todavía en la pared. Son las imágenes de sus tres compañeros caídos, el Club de los Policías Muertos. Él no está muerto, pero casi. Su vida se consume entre sus adicciones, el alcohol y la búsqueda de la verdad en los sus casos, y su querida Rakel ya no está a su lado.

Publicada en Elemental

“El guardián invisible” de Dolores Redondo

Es curioso como todo lo que tiene que ver con este libro se me queda pendiente. Tuve pendiente en su momento leérmelo, pese a las ganas que tenía de hacerlo. Y tras haberlo hecho, por fin, llevo unos meses con su reseña por escribir. Pero tarde o temprano toda deuda tiene que ser saldada así que ahí va lo que a mi personalmente me pareció El guardián invisible de Dolores Redondo.

La novela acompaña a la inspectora Amaia Salazar, una integrante de la policía foral navarra formada en Quantico que se ve al frente de una investigación por asesinato múltiple en los alrededores de su pueblo natal.  Y eso acaba por suponerle más un problema que una ventaja puesto que sus recuerdos del lugar no son precisamente idílicos y su pasado amenaza con dificultar la resolución de un caso macabro, ya de por sí bastante complicado.

Mezclando elementos clásicos de género negro con elementos paranormales que profundizan en el folclore local, tengo que reconocer que Redondo ha logrado un resultando que engancha. La novela se lee de un tirón y creo que, pese a algunos tópicos algo manidos, la inspectora Salazar está bien caracterizada. Su historia personal es complicada y algo retorcida, a ratos resulta inverosímil es cierto, pero la mayor parte del tiempo contribuye a que el lector establezca una conexión con el personaje que le hace ganar mucho a la lectura de la novela.

Otro de los aciertos es la puesta en escena. La geografía baztanesa, con su bosque impenetrable y su paisaje recóndito, refuerza ese componente sobrenatural que pretende aportar al relato un componente de realismo mágico. A mi, personalmente, no terminó de convencerme ese aspecto esotérico y  algunas de las referencias al folclore local se me quedan muy alejadas de la realidad. Creo que el relato pierde verosimilitud por esa parte y no soy precisamente el tipo de lector que rehuye de lo fantástico. Aún así pienso hacerme con la segunda novela y, si finalmente es cierto eso de que la novela se va a llevar al cine, cumpliré religiosamente con el visionado.

Productos mucho menos dignos se hacen por ahí y los aplaudimos entusiasmados…

Imagen: Página oficial de Dolores Redondo

El guardian invisible

“La verdad sobre el caso Harry Quebert” en Calibre.38

“La verdad sobre el caso Harry Quebert” en Calibre.38

Es precisamente en esta lectura paródica donde radica uno de los mayores atractivos a la vez que uno de los problemas más graves de La verdad sobre el caso Harry Quebert: en ocasiones resulta complicado discernir si el autor se toma verdaderamente en serio aquello que está contando, y aunque la mayoría de veces parece ser así, cuando el libro bordea la parodia de los géneros y deja escapar algún apunte de humor el interés crece por momentos.

Publlicada en Calibre .38

“The Cuckoo’s Calling” de Gabriel Galbraith, 2013

Una novela negra se debe, en gran medida, a su puesta en escena. Por eso el escenario escogido tiene una influencia tan grande en el resultado. Lo importante no es la realidad sino el realismo. Qué importa que nunca llueva en el sur de California, Marlowe no sería el mismo sin la gabardina. Porque esa lluvia constante que acentúa el desamparo del huelebraguetas era imprescindible para la épica y para la condenación. Bien lo sabía Chandler.

Sin embargo hay ocasiones en las que el escritor apenas debe fabular nada, porque el escenario le brinda todos los elementos necesarios para una puesta en escena brillante. Ciudades implacables en las que la historia, la geografía urbana e incluso la climatología parecen alinearse disponiendo el perfecto escenario para una novela negra. Y Londres es, sin duda alguna, una de esas ciudades.

Por eso es difícil decidirse a la hora de escoger o de recomendar una novela negra ambientada en la ciudad. Son tantas que uno apenas tiene dos opciones: andar sobre seguro y tirar de clásicos o ir de aventurero y escoger alguna de las novedades. La segunda opción es, por supuesto, mucho más arriesgada. Pero es la única en la que uno puede encontrarse con ciertas sorpresas. Y The Cuckoo’s Calling es una de estas sorpresas.

Arruinado y recién separado, Cormoran Strike tiene que apoyarse en una pierna ortopédica y una secretaria temporal cuyos honorarios no puede permitirse para lidiar con un caso que podría sacarle por fin de la indigencia: un abogado de buena familia quiere que investigue el suicidio de su hermana, una famosa supermodelo con serios desequilibrios mentales. Y aunque todo el mundo trata de convencerlo del sinsentido de su empeño, Strike recorrerá sórdidos albergues en Hammersmith, lujosas casas en Chelsea, discotecas de moda en Mayfair y estudios de moda en Shoreditch para averiguar si tras la caída al vacío del Cuckoo hay algo más que una profunda depresión nerviosa.

Un detective fracasado, un caso imposible y una ciudad fascinante. Nada que no hayamos visto antes. Y sin embargo The Cuckoo’s Calling guarda algunos momentos geniales. Al menos al principio. La presentación de personajes está muy lejos del tópico y los cambios de punto de vista que usa el libro le dan un toque bastante fresco a la narración. Después quizá pierde algo de fuelle pero el carisma de Strike como personaje es innegable y el ritmo de la novela engancha. Además, todo el elenco de personajes está muy bien caracterizado. Incluso la ciudad de Londres, que tiene tanto protagonismo como cualquiera de los secundarios.

Hay un pero, no obstante, que achacarle y es, para mi, una resolución fallida. No estamos ante un apresurado Deus Ex Machina pero es cierto que el giro final es demasiado inesperado y eso lo hace bastante inverosímil. Chirría. Echo de menos argumentos que lo sustenten.  Le falta, quizá, algo de entraña al asunto que evite esa frialdad que recuerda en parte a las impecables resoluciones que obraba Poirot o el mismísimo Holmes.

Con todo y con eso, la lectura es entretenida. No creo que nadie deba echarse atrás por el simple hecho de que tras el nombre de Gabriel Galbraith se oculte en realidad la mismísima J.K. Rowling. Porque The Cuckoo’s Calling tiene tanto que ver con Harry Potter como Alan Moore con la Reina de Inglaterra. De hecho yo jamás me leí un libro del mago y sin embargo ya estoy deseando que haya un nuevo caso para Cormoran Strike.

 

Cuckoo's Calling

El film de Tornatore, una historia en la que se entremezclan falsificadores y falsificaciones, ensoñaciones y realidades y fobias de distinta naturaleza, nos retrotrae al mejor cine de los años cincuenta que manufacturaba Hollywood cuando era una fábrica de sueños, a películas como La mujer del cuadro de Fritz Lang, por ejemplo, Laura de Preminger o Rebeca, del maestro del suspense, ese género que aunaba misterio y romanticismo en sus imágenes…

Publicada en Calibre.38

“La mejor oferta” en Calibre .38

Trance (Danny Boyle, 2013)

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Un descubrimiento casual. Una noche buscas películas sobre Londres y encuentras que Danny Boyle, entre fanfarrias e inauguraciones olímpicas, sacó tiempo para dirigir un largo con Vincent Cassel, Rosario Dawson y el profesor Xavier de jovencito. Y como sucede siempre que encuentras algo que supera con creces tus expectativas – porque sencillamente carecías de ellas -, disfrutas de una película sencillamente retorcida donde el retrato de un crimen, en lugar del negro, despliega una enorme paleta de colores saturados.

Trance cuenta la historia de un robo que se tuerce.  El asalto a una casa de subastas sale a la perfección salvo por un pequeño detalle: la pieza más valiosa ha desaparecido y el responsable de recogerla ha perdido completamente la memoria así que es incapaz de recuperarla. La solución de los asaltantes, un tanto descabellada, es buscar una terapeuta que, a través de la hipnosis, extraiga los recuerdos del subconsciente del desmemoriado. A partir de aquí la realidad se mezcla con la imaginación. El relato se confunde a ratos y la película nos lleva hasta un desenlace artificiosamente sorprendente.

Boyle es un director controvertido. Es posible que tenga tantos partidarios como detractores. Aunque no me cuento ni entre los primeros ni entre los segundos reconozco que tiene más películas que me gustan de las que me disgustan. Y, de hecho, creo que es un pilar fundamental del último neo-noir. Frente al thriller ramplón o las películas de acción obsesionadas con hacer que los coches exploten, Boyle tiene la virtud de devolvernos dos claves esenciales para el género negro: el escenario y los personajes. Creo que es una constante en su cine desde Trainspotting. Al menos del más canalla. Incluso esa inocente fábula que es Slumdog Millionaire debe gran la mayor parte de su éxito – incluidos los 8 Oscar – a lo bien caracterizados que están los personajes y, también, al fantástico despliegue visual que ofrece la película.

El responsable de esa imagen saturada de colores donde se juega tan bien con los planos y los encuadres es responsabilidad de Anthony Dod Mantle y su trabajo mereció un Oscar. En Trance es de nuevo el responsable de fotografía (también lo es de la adaptación televisiva de la serie Wallander, por cierto, donde lo visual se sitúa también al mismo nivel de lo interpretativo) y sólo por su buen trabajo ya merece la pena echarle un vistazo a la cinta: esos interiores saturados que sirven de contrapunto a una ciudad – Londres – armónicamente gris. Como una metáfora de la explosión que puede desencadenarse en cuanto rasquemos cuanto apenas la civilizada superficie.

Pero no es lo único que brilla en Trance. Sin duda el otro gran acierto del film es Rosario Dawson. No es nuevo ver cómo Vincent Cassel ejerce con autoridad despiada como jefe de un grupo de delincuentes. McAvoy no está mal. Pero me sorprende el registro de Dawson. Me la creo.  Y es difícil porque el personaje es a ratos bastante inverosímil. Quizá ese sea el punto más flojo de la película: que se deja ver. Visualmente te desborda. Es capaz de arrastrarte con su historia. Pero, cuando acaba, tienes una ligera sensación de que pese a lo entretenido que ha sido el espectáculo, pese a lo solvente del reparto y lo espectacular de sus imágenes, de alguna manera, te han tomado el pelo. Y aún así la recomiendo. Qué le vamos a hacer… Es una película negra, sobre robos, ladrones y oportunistas. No podíamos pretender salir totalmente de rositas.